Monday, July 06, 2009

ESTOS VERSOS DICEN QUE SON APOCRIFOS HECHOS POR MATRACA-YO CREO QUE SON DE JL BORGES

GRATITUDES

¡Cuántas hermosas cosas! Los confines

De la aurora del Ganges, la secreta

Alondra de la noche de Julieta.

El pasado está hecho de jardines.

Los amantes, las naves, la curiosa

Enciclopedia que nos brinda ayeres,

Los ángeles del gnóstico, los seres

Que soñó Blake, el ajedrez, la rosa,

El Cantar de Cantares del hebreo,

Esa flor que florece en el desierto

De la atroz Escritura, el mar abierto

Del álgebra y las formas de Proteo.

Quedan tantas estrellas todavía;

Suspendo aquí mi vana astronomía.

MÉJICO 564

Los órdenes de libros guardan fieles

En la alta noche el sitio prefijado.

El último volumen ha ocupado

El hueco que dejó en los anaqueles.

Nadie en la vasta casa. Ni siquiera

El eco de una luz en los cristales

Ni desde la penumbra los casuales

Pasos de vaga gente por la acera.

Y sin embargo hay algo que atraviesa

Lo sólido, el metal, las galerías,

las firmes cosas, las alegorías:

el invisible tiempo que no cesa,

que no cesa y que apenas deja huellas.

Ese alto río roe las estrellas.

EL MINOTAURO

Encorvados los hombros, abrumado

Por su testa de toro, el vacilante

Minotauro se arrastra por su errante

Laberinto. La espada lo ha alcanzado

y lo alcanza otra vez. Quien le dio muerte

No se atreve a mirar al que fue toro

Y hombre mortal, en un ayer sonoro

De hexámetros y escudos y del fuerte

Batallar de los héroes. Ilusoria

Fue tu aventura, trágico Teseo;

De la biforme sombra la memoria

No han borrado las aguas del Leteo.

Sobre los siglos y las vanas millas

Ésta da horror a nuestras pesadillas.

ALL OUR YESTERDAYS

Me pesan los ejércitos de Atila,

Las lanzas del desierto y sus batallas;

De Nínive, ahora polvo, las murallas

Y la gota del tiempo que vacila

Y cae en la clepsidra silenciosa,

Y el árbol secular en que clavada

Fue por Odín la hoja de la espada

Y cada primavera y cada rosa

De Nishapur. Me abruman las auroras

Que fueron y que son, y los ponientes;

Tiresias y el amor de las serpientes

Y las noches, los días y las horas.

Sobre la sombra que ya soy gravita

La carga del pasado. Es infinita.

AQUÍ. HOY

Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

Y que fue el rojo Adán y que es ahora

Todos los hombres y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas

Del principio y del término, la caja,

La obscena corrupción y la mortaja,

Los ritos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra

Al mágico sonido de su nombre;

Pienso con esperanza en aquel hombre

Que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo

Esta meditación es un consuelo.

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